Arena

 Antes de salir a trabajar Karmetulah solía repetir esta oración:

"Oh Señor, protege a los que quedan en casa y resguarda a los que salen".

Un día como cualquier otro, Karmetulah volvió a su casa tras una larga jornada y al llegar encontró la puerta abierta. Raro.

Entró y no encontró mas que arena. Arena por todas partes. Los muebles no estaban, menos su numerosa familia, pero lo que si había por todas partes era arena.

Cosa extraña si las hay, arena en cada rincón, en cada lugar, arena y solo arena.

Karmetulah estaba asombrado y aterrado a la vez, no entendía nada.

Comenzó a correr de acá para allá, gritando, llorando....

Y sin darse cuenta, entre esas corridas en las que iba y venía, tropezó con una piedra y cayó de cara al piso.

De repente, Karmetulah pegó un grito y saltó de su cama. Su esposa, sus hijos, sus cosas, estaban cada una en su lugar , eso si, despiertos y asustados como él por semejante despertar.

Todo había sido un sueño.

"Duerman queridos, papá tuvo una pesadilla, duerman, está todo bien" les dijo, y abrazando a su mujer volvió a dormirse.


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