El Bien Supremo
Nauj se levantó, como todos los días. Calentó el agua para el mate y se sentó a desayunar.
Criollos, queso untable, y el silencio matutino, nada más.
Mañana de septiembre, noveno mes solar. Algo frío.
De repente, Nauj tuvo una visión que de súbito lo llevo a contemplar la más refinada de las Ideas, la Idea del Bien, del Bien Supremo.
No sabemos cuánto tiempo paso sumergido en las profundidades de su Ser, nadie lo sabe.
Lo que si sabemos es que Nauj, esa misma mañana, se encontró consigo mismo.
La serteza lo invadió de súbito y la calma lo llevo a reposar su corazón sobre un colchón divino.
Nauj sintió un alivio abrazador, amoroso, como si la existencia misma lo hubiese recordado y bienvenido al Hogar.
La Idea del Bien Supremo, del bien por el bien, del amor por el amor, de la solidaridad por la solidaridad, del servicio por el servicio, del abrazo por el abrazo, del reposo por el reposo mismo.
La Idea del Bien Supremo, como esa chispa presente en tantos por igual, aunque tal vez con distinta intensidad.
La Idea del Bien Supremo, como consuelo al que nada tiene y al que mucho le sobra. El equilibrio cósmico en las manos de cada uno.
Nauj no podía explicarlo en detalle, pero ese día supo que su vida había cambiado para siempre.
Ahora bien .....
No era la primera vez que sentía eso.
No era la primera vez que un súbito arrebato lo llevaba a contemplar Ideas Divinas.
A lo largo de su vida muchas veces la pantalla de su mente y corazón de había refrescado, actualizando su comprensión y manera de vivir.
Nauj estaba más bien acostumbrado a esto. Es cierto que estos acontecimientos no eran voluntarios, más bien de daban solos, sin previo aviso. Pero Nauj entendía que eran parte de su vida cotidiana que ya acumulaba unas casi cuatro décadas humanas.
El Bien Supremo no sé impone, se practica. Es el camino del constante caminar, de la continúa reflexión y acción concreta. Es el ponerse por encima de lo propio y salir al encuentro del otro.
Es el servicio más mundano y básico a la mismísima existencia.
Es el camino que se hace al andar, mirándole a los ojos a todo aquel que llegue a nuestra puerta.
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