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Mostrando las entradas de diciembre, 2023

Korne

 Karputya, Gorinja na prule. Logda mafrule inyu ksep ve jhuio prugetne. Log de mir kaufgan inle repty kor ce puiq nrlome tuewi. Ma rele whajknar buit kopek dart bur verenmin kany, ve trole probuite karpi derne. Ir komen dartu matule kron ve terni sok, van deten renmer girte ule vortoporteleunem. Zart mar kein fer? Hyiar lemen gog.

Hasan y Azrael

 Oh querida muerte, te necesitamos. Pero, ¿no es de locos esperarte?, preguntó Hasan. No, no es así, contestó Azrael y prosiguió: Soy un siervo del Altísimo. A nadie busco si no es por Su mandato. Hay entre ustedes quienes me temen, otros me ignoran, embriagados por el olvido de sí que el vivir les genera. Pero hay unos, unos cuantos mi querido Hasan, que me anhelan. ¿Quiénes son los que te anhelan? Preguntó Hasan. Azrael lo miró y con plena serenidad le contestó: Hay en el reino humano una comunidad que vive oculta a los ojos del resto. Ellos me anhelan fervientemente. Aman la vida y a quien la creo. Luchan contra si mismos purificando sus corazones porque saben y recuerdan continuamente que algún día los vendré a buscar. Y eso no es todo. Ellos saben que ese día, que ese día en el que el Señor de los mundos los llame, estarán listos para entrar a su alcoba, como una pareja de recién casados en su noche de bodas, o como un niño en los brazos de sus padres... Asombrado, Hasan quiso...

El fin

El día que Jaime salió de la jaula el mundo llegaba a su fin. Si, el fin de los tiempos tocaba la última campanada de la noche. Miles de años, millones de vidas, billones de historias colapsando una tras otra como si fueran parte de una gran catarata.Todo caía hacia el abismo, sin clemencia, sin piedad. El estruendo era insoportable. Tronaban las rocas, el cielo agrietado dejaba entrever una poderosa cortina de luz pujando el firmamento. Jaime miraba asombrado. Dos gigantes molian el horizonte a martillazos. Las personas, aterradas, corrían sin poder escapar. El fin era inevitable. Columnas de fuego devoraban los bosques. Las grandes ciudades se desmoraban como castillos de naipes, mientras los pueblos y aldeas se compactaban como bolas de papel. Rottargor, el rey de la destrucción, reía a carcajadas mientras sus ojos brillaban como bolas de hierro al rojo vivo. Como un estratega dirigía el colapso del tiempo y del espacio de manera brillante. Poco quedaba en pié. Las ruinas del mundo ...