Oh querida muerte, te necesitamos. Pero, ¿no es de locos esperarte?, preguntó Hasan. No, no es así, contestó Azrael y prosiguió: Soy un siervo del Altísimo. A nadie busco si no es por Su mandato. Hay entre ustedes quienes me temen, otros me ignoran, embriagados por el olvido de sí que el vivir les genera. Pero hay unos, unos cuantos mi querido Hasan, que me anhelan. ¿Quiénes son los que te anhelan? Preguntó Hasan. Azrael lo miró y con plena serenidad le contestó: Hay en el reino humano una comunidad que vive oculta a los ojos del resto. Ellos me anhelan fervientemente. Aman la vida y a quien la creo. Luchan contra si mismos purificando sus corazones porque saben y recuerdan continuamente que algún día los vendré a buscar. Y eso no es todo. Ellos saben que ese día, que ese día en el que el Señor de los mundos los llame, estarán listos para entrar a su alcoba, como una pareja de recién casados en su noche de bodas, o como un niño en los brazos de sus padres... Asombrado, Hasan quiso...