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Mostrando las entradas de agosto, 2021

Teng Su

Antes de morir, Teng Su escribió: Frente a mi toda una vida ha pasado. Niños, jóvenes, adultos. Jefes y empleados, amantes,  héroes y villanos, esclavos. Todos ellos van peregrinando por el Camino. Árboles, insectos, flores y otras plantas. Todas van acompañando con su sombra, frutos y perfumes a los que van por el Camino. Animales, fieras y mascotas, aves y reptiles. Todos van andando y sobreviviendo por el Camino. Fantasmas, espíritus luminosos, dioses y demonios. Todos juegan sus cartas sobre aquellos que transitan el Camino. No hay nada que permanezca, todo cambia, todo está en continuo movimiento. No hay nada que sea independiente, autosuficiente. Todos dependemos de otros cuando vamos por el Camino. No te preocupes querido lector, querida lectora, por aquello que hoy has perdido. Tampoco se confunda tu corazón con aquello que has ganado.  Disfruta si de lo que tengas. Se feliz. Pero nunca olvides que al final nada llevarás contigo.  Hoy he de morir y ni siquiera mis...

La nube

 Habia una vez una nube que quería ser cielo. Todos los días preguntaba a sus amigos y conocidos como podría hacer para dejar de ser un pomponcito de algodón lleno de humedad y calor y convertirse en ese magnífico e infinito cielo color celeste que todo lo rodeaba. Nada de lo que practicaba le daba resultado. Algunos le aconsejaron acercarse al sol pero esto no era posible. Otros le aconsejaron dejarse atravesar por los pájaros, pero esto nada hizo. Así, cada consejo que le daban era puesto en práctica pero nada funcionaba. Un día una vieja nube se le acercó y susurrándole al oído le dijo: -No hay nada que puedas hacer para convertirte en cielo.- La nube la miró desconcertada. La vieja nube sabía que la joven no lo entendería. Por eso le explicó: -Allá abajo, sobre la tierra, existen unas criaturas que se hacen llamar humanos. Muchos de ellos pasan muchísimo tiempo mirándonos flotar surcando el cielo. Hay entre ellos quienes se animan a predecir nuestros movimientos. Otros se benef...

Tamuk

 Al mirar el cielo el viejo Tamuk siente nostalgia. No sabe bien por qué, pero en aquella profundidad infinita, puede ver como hay algo en él que se pierde, que se desgarra. Tamuk está grande. Sus hijos han crecido, su familia se ha multiplicado y expandido a lo largo y ancho del valle. Sin embargo, hay algo en la inmensidad de la noche que lo tiene conmovido. Con el correr de los años, Tamuk conoció una gran cantidad de gente. Al igual que en el cielo, en su memoria lleva grabados cada uno de los rostros que ha conocido. Algunos los recuerda con mayor claridad que a otros, pero cada uno tiene su lugar en aquel espacio personal. Tamuk, el viejo Tamuk, supo adaptarse a los cambios que fueron sucediendo con el pasar del tiempo. Nunca tuvo miedo, mas siempre tuvo en claro, de alguna manera, que todo lo que le sucedía no ocurría porque sí. Tamuk confiaba en que su vida, como la del mundo entero, no era mas que una especie de obra teatral universal, en la que cada uno desempeñaba un pap...