Teng Su
Antes de morir, Teng Su escribió:
Frente a mi toda una vida ha pasado.
Niños, jóvenes, adultos. Jefes y empleados, amantes, héroes y villanos, esclavos. Todos ellos van peregrinando por el Camino.
Árboles, insectos, flores y otras plantas. Todas van acompañando con su sombra, frutos y perfumes a los que van por el Camino.
Animales, fieras y mascotas, aves y reptiles. Todos van andando y sobreviviendo por el Camino.
Fantasmas, espíritus luminosos, dioses y demonios. Todos juegan sus cartas sobre aquellos que transitan el Camino.
No hay nada que permanezca, todo cambia, todo está en continuo movimiento.
No hay nada que sea independiente, autosuficiente. Todos dependemos de otros cuando vamos por el Camino.
No te preocupes querido lector, querida lectora, por aquello que hoy has perdido. Tampoco se confunda tu corazón con aquello que has ganado.
Disfruta si de lo que tengas. Se feliz. Pero nunca olvides que al final nada llevarás contigo.
Hoy he de morir y ni siquiera mis seres queridos podrán venir conmigo. Pero no puede esto causarme tristeza, por que todos algún día habrán de partir como tantos otros ya han partido.
Adios amado mundo, hasta la próxima será.
Adios.
Dicen que al finalizar, Teng Su se recostó en su cama y expiró.
Cuando nos conocimos años atrás recuerdo que ante la catarata de preguntas existenciales que llevaba conmigo me escuchó pacientemente y una vez callé me dijo: ¿Qué has traido contigo al nacer?.
Sorprendido contesté: Nada.
Sonriendo me miró con infinita compasión y me dijo: No tengo nada que agregar. Ve y se feliz.
Aquella respuesta fue agotando el sentido de la busqueda que pulsaba agresivamente en mi interior. Pasaron algunos años hasta que pude realizar lo que Teng Su me había enseñado.
Teng Su, donde sea que estés, te lo agradezco.
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