Poesía del instante: Dijo un anciano a su laúd: -Cuando no hay fronteras El alma se pierde. Cuando hay fronteras El alma se pierde.- El laúd le contesto: -Pero... Si siempre se pierde, ¿cuándo es que gana?- El anciano dijo: -El alma gana cuando todo lo demás desaparece. Se ha dicho que la semilla muere para dar mucho fruto. El alma no es la semilla, porque el alma no muere. Entonces ¿qué es lo que muere? Lo que muere es el yo, la voluntad de ser otro.- Confundido el laúd preguntó: -¿Cómo es esto?- Con voz firme y convencida el anciano respondió: -Mientras busquemos nuestro rostro en el espejo de otro jamás sabremos cuál es el color de nuestros ojos. Cuando tengamos el coraje de ser quien somos, de negar al mundo, de enterrarnos como la semilla en la tierra, veremos nacer en nosotros algo jamás visto. Cada uno fue llamado a ser uno mismo, no una copia de otro.-