La nube
Habia una vez una nube que quería ser cielo.
Todos los días preguntaba a sus amigos y conocidos como podría hacer para dejar de ser un pomponcito de algodón lleno de humedad y calor y convertirse en ese magnífico e infinito cielo color celeste que todo lo rodeaba.
Nada de lo que practicaba le daba resultado.
Algunos le aconsejaron acercarse al sol pero esto no era posible. Otros le aconsejaron dejarse atravesar por los pájaros, pero esto nada hizo.
Así, cada consejo que le daban era puesto en práctica pero nada funcionaba.
Un día una vieja nube se le acercó y susurrándole al oído le dijo:
-No hay nada que puedas hacer para convertirte en cielo.-
La nube la miró desconcertada. La vieja nube sabía que la joven no lo entendería. Por eso le explicó:
-Allá abajo, sobre la tierra, existen unas criaturas que se hacen llamar humanos. Muchos de ellos pasan muchísimo tiempo mirándonos flotar surcando el cielo. Hay entre ellos quienes se animan a predecir nuestros movimientos. Otros se benefician inmensamente cada vez que proyectamos nuestra sombra sobre sus cabezas. Otros solo se asombran al vernos formar figuras que resultan similares a las que pueden encontrarse en la superficie.
Para ellos, ya somos parte del cielo.-
Sorprendida, la nubecita sonrió y dijo:
-¡Que bien!. Para ellos ya soy el cielo.-
-Si- Contestó la vieja nube.
-Pero....por mas que ellos crean eso, yo no soy el cielo- Replicó volviendo a ponerse seria.
La vieja nube sabía que poco tiempo le quedaba. Comenzó a sentirse pesada y fría, por lo que se apuro a replicar:
-Mira bien querida nubecita, ahora veras que no hay diferencia alguna entre ser el cielo y ser una nube. Recuerda siempre, todos somos uno.-
Y antes que la nubecita pueda decir algo la vieja nube se precipitó en forma de lluvia sobre un campo de maíz.
Asombrada, la joven nube quedó perpleja.
¿Dónde estaba ahora la vieja nube? ¿Volvería a verla? ¿Le ocurriría a ella lo mismo alguna vez?
La vieja nube se había transformado en agua y el espacio que ocupaba en el aire se había transformado en cielo.
Moraleja:
Las preguntas están bien, pero no perdamos el tiempo buscandole la explicación a todo. En el dar sombra al que pasa o agua al que la necesita puede estar la respuesta que tanto buscamos.
Comentarios
Publicar un comentario