Tamuk

 Al mirar el cielo el viejo Tamuk siente nostalgia.

No sabe bien por qué, pero en aquella profundidad infinita, puede ver como hay algo en él que se pierde, que se desgarra.

Tamuk está grande. Sus hijos han crecido, su familia se ha multiplicado y expandido a lo largo y ancho del valle. Sin embargo, hay algo en la inmensidad de la noche que lo tiene conmovido.

Con el correr de los años, Tamuk conoció una gran cantidad de gente. Al igual que en el cielo, en su memoria lleva grabados cada uno de los rostros que ha conocido. Algunos los recuerda con mayor claridad que a otros, pero cada uno tiene su lugar en aquel espacio personal.

Tamuk, el viejo Tamuk, supo adaptarse a los cambios que fueron sucediendo con el pasar del tiempo. Nunca tuvo miedo, mas siempre tuvo en claro, de alguna manera, que todo lo que le sucedía no ocurría porque sí. Tamuk confiaba en que su vida, como la del mundo entero, no era mas que una especie de obra teatral universal, en la que cada uno desempeñaba un papel, un rol.

Una vez, una hermosa mujer le enseñó que todos somos expresiones individuales de una misma cosa. Que no vivimos en el universo, sino mas bien que somos, cada uno de nosotros, una expresión del mismo Ser, codificados por los astros y otras fuerzas que moldean el espacio y el tiempo.

Desde aquel día, Tamuk lleva en su corazón una pequeña imagen de aquella mujer. El sabe, sin poder explicarlo muy bien, que hay algo entre ellos que los vincula, que los conecta. ¿Será que en su mirada encontró el reflejo de si mismo?.

Tamuk mira el cielo y siente nostalgia. Por las mañanas toca su flauta mientras los pájaros se acercan a comer las miguitas de pan que el mismo les deja en aquella vieja casita de madera que hace muchos años construyo con alguno de sus hijos.

Por la tarde sale a caminar por la ribera, saluda a sus vecinos, se hace uno con la vida del pequeño pueblo en el que vive.

A esta altura de su vida Tamuk tiene para cada rincón algún recuerdo y esto le hace sentirse bien.

Tamuk sabe, o mejor dicho, tiene siempre presente, que sus días llegarán a su fin, que la muerte lo espera, pero no sabe cuándo ni cómo ni dónde.

Esto no lo perturba, al contrario, es ese recuerdo el que lo anima a seguir.

 Tamuk sabe que lo único que puede hacer es seguir viviendo, seguir andando, seguir mirando al cielo y permitir que la nostalgia, una y otra vez, siga abriendo esa herida profunda en su propio ser, esa herida que todo hombre y mujer lleva consigo, esa herida en el alma que a veces huele a existencia, otras veces a amor y  cuando no a locura.

Tamuk sabe que vale la pena estar vivo, aunque a veces duela. Cuando el dolor es grande cierra los ojos y canta sonriendo está canción:

"Baila en el cielo una joven de ojos color miel, tarareando la dulce melodía del recuerdo, del pasar del tiempo. Baila en el cielo una joven de ojos color miel, y Tamuk se deleita en Su Presencia."





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