La Luna y el cangrejo
Había una vez un cangrejo que se creía rey. En la playa donde vivía no había nadie más que él.
La arena lo cubría todo, y con el ir y venir de la marea, cambiaba su silueta al igual que el cielo y las nubes.
Cada atardecer el cangrejo se escondía en su agujero, cubría la entrada con arena, y allí dormía hasta el próximo amanecer.
Un día, luego de una ardua jornada de vaya uno a saber qué, el cangrejo se preparó para volver a esconderse. Tapó la entrada de la cueva pero no se dió cuenta de una cosa. En un rinconcito, un poquitín de arena, unos tres o cuatro granos, no más, cayeron dejando así un huequito.
A media noche, un fino rayo de luz perturbó su descanso.
Asombrado, despertó de un salto saliendo así de aquel pesado y largo sueño que lo mantenía en un estado letárgico.
Con temor, siguió al rayito de luz hasta llegar al huequito por el que éste entraba.
¿Qué es ésta luz? Pensó en sus adentros.
Comenzó a mover con sus pinzas, granito por granito, hasta abrir el agujero.
La luz venía del cielo. Jamás había visto algo parecido. Con miedo pero mucha curiosidad, decidió asomar su ojos afuera. Lo que vió cambiaría su vida para siempre.
El mar brillaba, como un espejo. Rugían las olas, la noche estaba fría y el peligro de lo desconocido aceleraba su frágil corazón de cangrejo.
Pero, olvidándolo todo, lleno de coraje, miró hacia lo alto.
Pausa.
Silencio.
Paz.
Belleza.
Fuerza.
Suavidad.
El cangrejo quedó inmóvil. Jamás habría imaginado semejante hermosura colgando del cielo, ese mismo cielo al que hacia tanto tiempo le escapaba.
Ella estaba ahí, moviéndose con sutileza, la reina de lo alto......la Luna.
Nuestro amigo cangrejo extendió su pinza, como queriendo llegar a tocarla.
La Luna, con delicadeza, dejando caer un lienzo blanco como la nieve, lo invitó a subir.
Las patitas perdieron contacto con la arena. La sensación de ascender hacia lo alto era nueva para el pequeño cangrejo. Siempre había buscado en lo profundo, en lo que está debajo, más nunca había puesto su mirada en lo que reina por encima de su cabeza.
Así fue, como este cangrejo solitario subió al cielo y jamás volvió.
La Luna y el cangrejo emprendieron viaje hacia lo desconocido. Juntos encontraron sus caminos.
Al día de hoy, el cangrejo y la Luna pasean entre las estrellas. Dicen que cada vez que se encuentran en su viaje estelar, los corazones de los hombres y mujeres de los tres mundos se alinean trayendo así un poquito de paz, belleza y coraje a sus vidas.
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