Bali el artesano

Bali, un joven artesano, tenía problemas recurrentes en su casa. La familia numerosa, una vida conyugal compleja, ritmos que hacían ejercer la paciencia y el esfuerzo.

Un día, después de un choque mas con su pareja, salió a caminar. Hacia frío, estaba todo húmedo. El barro cubrió sus pies y su cabeza se cayó.

Bali anduvo deambulando sin cabeza por todo el pueblo. Al no tener sus ojos consigo no podía llorar. Entonces, sacándose la poca ropa que tenía, se sumergió en el río.

Debajo del agua, su cabeza espiritual apareció. De alguna manera podía respirar. El silencio y la tranquilidad que había dentro del río eran preciosos. Hacia mucho tiempo que Bali no tenía esa sensación de haberlo perdido todo y sin embargo estar entero. Nada temblaba dentro de él. 

Al lo lejos, hacia las profundidades, vió una luz. 

Bali nadó hacia allí y cuando llegó pudo ver una casita. Golpeó la puerta y dos amigos los recibieron. 

Bali lloró. Pero ese llanto venía de sus ojos espirituales, no de su corazón. Sus ojos podían ver algunos detalles que otros ojos no. Y eso era lo que de alguna manera le daba tranquilidad. Cuando uno ve es innegable lo que se ve. 

Con sus amigos, bajo el río, compartió unos mates y una buena charla. Entre los tres se abrieron a conversar sobre estas cuestiones que a Bali lo habían movido a salirse de su casa.

En definitiva, según concluyeron, cada persona tiene sus tiempos, sus formas, y eso no es posible cambiarlo. Luchar contra un guerrero que no quiere luchar no tiene sentido, si es que hay en vos un poco de honor.

Al anochecer, Bali regresó a su casa. En el camino recuperó su cabeza. Al llegar, su mujer lo esperaba aún entre llantos y un no saber que hacer. Le pidió perdón pero Bali no tenía nada que perdonar.

Hay momentos en donde no se trata de ofensas, de malos entendidos. Hay momentos en donde queda en claro cual es el rol de cada uno, de manera evidente. Y es eso lo que Bali puede ver. Ni siquiera se trata de cambiar, cada uno es como puede ser, no como pretende.

Bali puso pausa. La situación es más compleja de lo que parece. Pero si hay algo que él aprendió es que hay decisiones que ameritan tiempo. Y esta es una de ellas.

Bali puede irse o quedarse. Por lo pronto se queda. No porque sea lo que realmente quiera, sino porque es consciente de cual es su deber hoy.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

El Bien Supremo

Caniche o lobo feroz

Valle Malueta