La carcel
Román se siente encarcelado. Tiene 5 hijos y una mujer al lado que muchas veces prefiere ponerse por delante. La economía de la casa está bajo su control y poder, cosa que a Román lo tiene mal. Él hace lo suyo, pero no hay forma de que pueda competir con el abultado sueldo mensual de su mujer.
En el fondo, no es una cuestión de dinero, sino más bien de poder. Con el correr de los años, Román se dió cuenta que había cometido un terrible error. Tanto había dejado por cuidar a sus hijos mientras ella seguía con su vida profesional tal cual lo venía haciendo desde antes de conocerse, mucho dejó pasar. Es que Román, por ingenuo quizá, creyó que su mujer, su compañera, algún día haría lo que el de buena gana había hecho. Y lo cierto es que no, eso no sucedía y tampoco, según él, sucederá jamás.
Su mujer lo acompaña de lejos, cada vez mas de lejos. Para ella, él es un loco frustrado, alguien que prefiere la sencillez ante la mal llamada buena vida.
Román es un tipo simple, sencillo, sin pretenciones ni grandes ambiciones. No le deslumbra el mundo y sus cosas. Ama la naturaleza, salvaje y libre, vive con poco y aspira quizá a vivir con menos.
Ella es lo contrario. Quiere cada vez más cosas, desespera por cumplir sus ambiciones y claro, no podría dormir tranquila sin saber que en su cartera hay más de una tarjeta.
Después de una década juntos, las máscaras calleron y ahora, pueden verse frente a frente sabiendo quién es cada uno.
Poder, un mal amor, tristeza, frustración.
¿Una mala elección? ¿Falta de coraje para romper la estructura familiar y volver a empezar?
No sé.
Vale la pena aclarar esto. Román ama a su familia. Es por esto que en su momento fue capaz de dejarse de lado y ocupar ese lugar en la casa que había que ocupar. Tampoco tiene miedo del trabajo. Desde que está casado ha desempeñado varios papeles laborales, hasta construyó su propia casa. No es un inútil ni nada parecido. En cambio, ella sólo parece ser capaz de trabajar allí donde desde hace tiempo trabaja.
Por esto, Román cree que el problema en todo esto es el miedo. Piensa que la llave del candado que lo tiene apricionado fue forjada por el miedo de su pareja, por ese miedo que se tiene a sí misma. Una limitación suya que terminó limitando la estructura de la familia entera.
El miedo a no tener la plata asegurada todos los meses. A vivir la vida tal cual es, en libertad, como el viento y la arena, como los pájaros y otros animales. Como otra gente libre, hermosamente libre y valiente.
Él sabe que la creatividad, ese poder que todos tenemos pero que no todos usan, está ahí. El sabe que se puede, y sueña con eso.
Ella no sabe que se puede romper el cascarón. Y ni siquiera mira lo que intenta Román, porque piensa que cada día está más loco y que vive en un ideal imposible de lograr.
Cada uno vive su vida gravitando la vida del otro, y de los otros, porque no nos olvidemos que son una familia numerosa.
Puedes ver, querido lector, querida lectora, como la vida en familia no es para nada fácil, y como el tener asegurado el sueldito a fin de mes puede llegar a pesar mas que la propia felicidad del grupo.
¿Sería correcto romper la relación en pos de la felicidad? ¿Estaría bien el darse por vencidos y dejar de apostar al amor familiar? ¿Qué es el amor? ¿Y la libertad?
Fin
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