El cazador
Un cazador salió en busca de su presa. Tenía hambre, hace días no comía.
Por la noche, mientras la luna se levantaba imponente desde las sierras, el cazador salió preparado para lo que fuere.
De pronto, mientras caminaba sigilosamente por el bosque, escuchó un ruido. Parecía ser un animal no muy grande, algún ciervo quizá.
Con guantes en los pies, el cazador comenzó a dirigir sus pasos hacia aquel lugar. Lenta y cautelosamente, como un felino, acomodó su cuepo y su mirada profunda y audaz.
Respiró lento y profundo. Miró y observó, pero de pronto nada mas escuchó. Raro le pareció.
Recorrió con sus ojos cada centímetro de bosque, y de repente, cuando parecía no encontrar nada, allí lo vió. Al parecer, de un ciervo se trataba. Muy despacio preparó su arma. Respiró una vez más, retuvo el aire y disparó.
El peso muerto de aquel cuerpo impactado y herido cayó sobre el suelo lleno de hojarasca. Como un rayo, el cazador corrió hacia la víctima, que a duras penas aún estaba con vida. Efectivamente se trataba de un ciervo. Sacó el cuchillo y con puño firme lo deslizó sobre el cuello del animal.
Estaba felíz. Después de tanto hambre, comería, no sólo el, sino también la tribu entera.
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