La mosca
Nicolás estaba sólo. Disfrutaba de ese tiempo en casa tomando mate y leyendo algunas cosas de su interés.
De repente, una mosca, que vaya a saber uno de dónde salió, comenzó a revolotearle sobre su cabeza.
Nicolás tomo un trapo y cada vez que la mosca se posaba cerca de donde el estaba, lanzaba su ataque mas siempre fallaba. De pronto, el insecto se alejó y algo más tranquilo siguió con lo que estaba haciendo.
Nuevamente, el zumbido comenzó a resonar en el lugar. Allí estaba de nuevo, la mosca.
Nicolás respiró hondo, y haciendo de cuenta que nada ocurría, intentó volver a cebar el mate, pero de golpe ahí estaba otra vez la mosca, caminando por su brazo izquierdo.
Trapo en mano, como un ninja, agudizó la vista, y lentamente acercó la mano armada hacia la izquierda. Lanzó el golpe y......nada, la mosca lo esquivó.
Enseguida, el insecto se volvió a posar cerca de él, sobre la mesa, y nuevamente Nicolás volvió al ataque. Una, dos, tres, quince veces más, pero nada pudo hacer.
Toda la tranquilidad que tenía, toda la paz que había acumulado mientras leía, se perdió en pocos minutos. Nicolás estaba en llamas y la mosca, volaba.
Entonces, enfurecido, se puso de pié y comenzó a lanzar ataques descontrolados en todas direcciones. En una de esas, con un golpe mortal, le dió al termo, y este cayó al suelo dejando salir el agua caliente por todos lados. En otra oportunidad, queriendo golpear la mosca que reposaba sobre la cocina, tenedores y cuchillos gritaron con ruido a metales chocando entre sí.
Nada podía hacer. La mosca era tan rápida y Nicolás tan lento.........
De repente, como si una gota de agua fría traspasara su mente, se dió cuenta de algo.
Si abría la ventana la mosca tal vez saldría. Y así fue. Nicolás recobró la calma, la mosca siguió su vida fuera de la casa y ahora si, el hombre podría ponerse a limpiar y acomodar todo lo que había dejado patas para arriba después de semejante batalla.
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