El juglar de las palabras
Jugar con las palabras, darse la oportunidad, vale la pena.
Dejar que lo imaginario del discurso psíquico se despliegue,
como las alas de una garza despegando del río al verte llegar.
Jugar con las palabras es dejar que lo propio se vuelva comunitario,
exponiendo así los hilos del telar que hacen a nuestra personalidad.
Persona, máscara que se coloca justo por delante del faro precioso que sos.
Máscara, que oculta la belleza de la Naturaleza mas profunda que cada uno de nosotros es.
Jugar con las palabras puede llevarnos a la cima de la propia experiencia,
de la propia riqueza de sabernos plenos, de sabernos llenos de tesoros que, en caso de no ser
compartidos, pueden perderse en el olvido. Mejor abrirse, convidar.
Jugar con las palabras es poner de manifiesto nuestra propia libertad.
Un pajarito me escucha y ríe. Picotea las miguitas de pan que todas las mañanas suelo dejarle en una pequeña casita del árbol, y volando se va.
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