No seas gil
La soledad de las redes, donde el otro es nada mas que otra cosa.
La pantalla te absorbe, te toma desprevenido dándote aquello que desesperadamente usas para evadirte, para evadir a los que están con vos.
La soledad de las redes es tal, que cuando estás con alguien no podes relegar a un segundo o tercer plano a este aparato que sin tener cadenas llevas atado al cuerpo casi las 24hs.
Sobre la mesa del comedor, de la cocina o al lado de la cama. Siempre está el maldito aparato que succiona sin piedad la poca energía que te queda.
En el bolsillo, en la mochila o en el morral. En la cartera, en la mano o hasta en el..... Siempre presente escuchando y recopilándolo todo, el maldito celular.
Las redes te han tomado, capturado, penetrado. Las redes se abusan de tu putrefacta inocencia, de tu soledad.
Una vez atrapado no podes dejar de compartirlo todo. Fotos, videos, ideas, creencias, gustos. Todo lo volcás en la telaraña de manera voluntaria.
Zombis.
La soledad de las redes, donde la pantalla es como un espejo mágico en donde tus preguntas encuentran sus respuestas y donde tus ideas son lavadas, coladas y cambiadas por las ideas de los que te controlan, como si fueses un títere.
El ser humano está perdido. No porque sea tonto o incapaz de ser alguien mejor. Sino porque al parecer depende mas de la carga de su móvil que de la mirada franca de algún otro, que al igual que este, ha caído en el olvido de la red, de la mismísima cueva de las sombras que Platón alguna vez describió.
Y mientras tanto, afuera de la cueva, la vida continua. Nunca se detiene, haya wifi o no, la corriente de la vida se despliega de manera imponente y sutil, esperando que algún esclavo del teléfono levante la mirada, busque el horizonte, y pueda emocionarse con la mera contemplación de lo bello, que aún sigue allí, en el mismo lugar que los artistas del pasado supieron apreciar, o que los pensadores y buscadores supieron reconocer como el destello del camino a recorrer.
Aún estás a tiempo. No seas gil.
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