Dos hermanos

Un día dos hermanos iban caminando por la ribera.

Uno era joven, el otro viejo.

Al pasar por un montículo de piedras el mas joven vio como una serpiente se escabullía tras advertir su presencia.

Mas adelante los hermanos se encontraron con el ingreso a una zona de baño exclusiva para gallos y gallinas. El mas joven quedó horrorizado. El mas viejo saludó al pasar a unos tres plumíferos que conocía del pueblo.

Al llegar a una zona en donde el río se infiltraba en un añejo bosque, el hermano viejo sacó su flauta sakuhachi y comenzó a tocar. El joven estaba apurado y siguió adelante.

Después de un rato los hermanos llegaron al puente principal que cruzaba el río. Habia sido construido en los tiempos de don Segundino, un famoso y querido gobernante que había traido el ferrocarril y el progreso a todo el valle. El puente, corroido por el paso del tiempo, seguía en pié. El tren ya no pasaba pero aún así la vieja estructura de hierro seguía cumpliendo con su destino. La zona del puente se había transformado en una especie de santuario en donde los bohemios se juntaban a charlar, escribir, hacer música. 

Los bohemios eran un grupo de pocas personas. Todos eran viejos. 

Fue ahí donde los hermanos separaron sus caminos. El hermano joven no podía permanecer demasiado tiempo entre los bohemios. Algo en su interior no se lo permitía y siempre le pasaba lo mismo. Cada vez que se encontraba con el grupo se le retorcia el estomago. ¿Intolerancia?.......Corriendo se retiró.

El hermano viejo ya no se preocupaba por esta situación. Sabía que con el tiempo, con el paso de los años, su hermano talvez entendería.

Lo simple es complicado, lo complicado es simple.

Mientras tanto, el río sigue su curso, sin detenerse, continuo.



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