Nauj se levantó, como todos los días. Calentó el agua para el mate y se sentó a desayunar. Criollos, queso untable, y el silencio matutino, nada más. Mañana de septiembre, noveno mes solar. Algo frío. De repente, Nauj tuvo una visión que de súbito lo llevo a contemplar la más refinada de las Ideas, la Idea del Bien, del Bien Supremo. No sabemos cuánto tiempo paso sumergido en las profundidades de su Ser, nadie lo sabe. Lo que si sabemos es que Nauj, esa misma mañana, se encontró consigo mismo. La serteza lo invadió de súbito y la calma lo llevo a reposar su corazón sobre un colchón divino. Nauj sintió un alivio abrazador, amoroso, como si la existencia misma lo hubiese recordado y bienvenido al Hogar. La Idea del Bien Supremo, del bien por el bien, del amor por el amor, de la solidaridad por la solidaridad, del servicio por el servicio, del abrazo por el abrazo, del reposo por el reposo mismo. La Idea del Bien Supremo, como esa chispa presente en tantos por igual, aunque tal vez c...
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